La alimentación de perros y gatos es un tema de alta importancia en veterinaria y en el cuidado doméstico de mascotas. Un buen alimento asegura que la mascota reciba todos los nutrientes que necesita para mantener sus funciones vitales: desarrollo, mantenimiento, actividad, reproducción, defensa inmunológica, etc. Históricamente, los animales domésticos se alimentaban con restos de comida humana o dietas caseras poco equilibradas, lo que producía deficiencias o excesos nutricionales.
Con el tiempo, la industria de alimentos para mascotas se ha desarrollado mucho, con investigación, regulación y certificaciones. En paralelo, el conocimiento veterinario y de especialistas en nutrición animal ha permitido formular dietas que cubren etapas de vida (cachorro, adulto, senior), condiciones específicas (enfermedades renales, digestivas, alergias, obesidad) y distintos niveles de actividad y raza.
La idea de que el alimento que necesita su mascota debe ser recomendado por un nutricionista o profesional veterinario competente se basa en que cada mascota es diferente en especie, raza, edad, sexo, estado de salud, nivel de actividad, condiciones particulares (ej. esterilización, enfermedad) y esas variables influyen en lo que es una dieta apropiada.
Los alimentos para mascotas se dividen principalmente en secos, húmedos, semihúmedos, caseros y terapéuticos. El alimento seco (croquetas) es el más usado por su practicidad, buena conservación y aporte balanceado de nutrientes; sin embargo, requiere que la mascota tenga acceso constante a agua fresca. El alimento húmedo (enlatado o en sobres) contiene mayor humedad, es más palatable y útil en animales con bajo consumo de agua o problemas dentales, aunque resulta más costoso. Los alimentos semihúmedos combinan características de los anteriores, pero suelen tener más aditivos. Por otro lado, las dietas caseras o crudas (BARF) buscan ofrecer alimentos frescos o sin procesar, aunque sin supervisión profesional pueden generar desequilibrios nutricionales o riesgos sanitarios. Finalmente, existen dietas terapéuticas formuladas para enfermedades específicas (renales, digestivas, alérgicas, obesidad), que deben administrarse únicamente bajo recomendación veterinaria.
Al formular o seleccionar una dieta para una mascota es fundamental considerar varios factores técnicos. Entre los más importantes están la especie y etapa de vida (los perros y gatos tienen requerimientos distintos, y no es lo mismo alimentar a un cachorro, un adulto o un senior), el estado de salud (obesidad, enfermedad renal, alergias, problemas digestivos, etc.), y el nivel de actividad (una mascota sedentaria no requiere la misma cantidad de energía que un animal muy activo). También se deben evaluar el balance de macronutrientes (proteínas de alta calidad, grasas saludables, carbohidratos digestibles) y la presencia adecuada de micronutrientes esenciales como vitaminas, minerales y aminoácidos (por ejemplo, la taurina en gatos).
Otros aspectos técnicos clave son la digestibilidad y biodisponibilidad de los ingredientes, es decir, que los nutrientes realmente puedan ser absorbidos y aprovechados por el organismo; la palatabilidad o grado de aceptación del alimento por parte de la mascota; y la seguridad sanitaria, especialmente en dietas crudas o caseras, donde el riesgo de bacterias y desequilibrios nutricionales es mayor. Además, es importante verificar que el producto esté certificado como “completo y balanceado” según estándares internacionales (como AAFCO o FEDIAF) y que la transición a una nueva dieta se haga de forma gradual para evitar problemas digestivos.
No existe un alimento universalmente perfecto para todas las mascotas, ya que cada una tiene necesidades específicas según su especie, edad, estado de salud, nivel de actividad y condiciones particulares. Los diferentes tipos de alimentos ofrecen ventajas y limitaciones, por lo que la elección adecuada requiere conocimiento y, sobre todo, la orientación de un veterinario o nutricionista especializado. Asimismo, resulta fundamental considerar la regulación, los estándares de calidad y la seguridad de los productos, mientras que el rol del propietario es decisivo al observar cambios, garantizar agua fresca, respetar las indicaciones profesionales y realizar transiciones de dieta de manera cuidadosa para asegurar el bienestar integral de su compañero animal.
Se recomienda que antes de elegir o cambiar la dieta de una mascota se realice una evaluación veterinaria completa que considere su estado de salud, edad, etapa de vida y nivel de actividad; optar por alimentos certificados como “completos y balanceados” y hacer cualquier transición de forma gradual para evitar problemas digestivos; mantener siempre agua fresca disponible; y, en caso de requerir dietas caseras o terapéuticas, hacerlo únicamente bajo supervisión de un veterinario o nutricionista especializado. Además, es clave que los propietarios lean las etiquetas, ajusten las raciones según las necesidades individuales y mantengan controles periódicos para garantizar que la alimentación contribuya al bienestar y la longevidad de sus mascotas.