En los últimos años, el comercio de alimentos para mascotas ha crecido de forma sostenida en Ecuador, impulsado por un mayor compromiso de las familias con la nutrición y bienestar de sus animales de compañía. Este avance ha motivado a la industria nacional a desarrollar productos con altos estándares de calidad, respaldados por investigación científica, control sanitario y cumplimiento normativo.
Sin embargo, este progreso se ve amenazado por un fenómeno persistente y complejo: el ingreso de productos por contrabando. Estos alimentos, que llegan sin cumplir los requisitos establecidos por las autoridades competentes, como el registro sanitario, etiquetado en español, trazabilidad o condiciones adecuadas de almacenamiento, representan una triple amenaza: para la economía del país, para la industria formal y, sobre todo, para la salud de las mascotas.
Desde el punto de vista legal y económico, el contrabando constituye una infracción grave a la normativa ecuatoriana en materia aduanera y sanitaria. Al evadir impuestos y controles, los productos ingresados ilegalmente generan pérdidas fiscales significativas que afectan la capacidad del Estado para financiar servicios públicos esenciales. Además, distorsionan la competencia, ya que las empresas nacionales que cumplen con los procesos legales y sanitarios enfrentan una desventaja injusta frente a productos de menor costo y sin garantía de calidad.
Las normas aduaneras del país exigen que todo alimento importado para animales cuente con registro sanitario emitido por la autoridad competente (Agrocalidad), etiquetado en idioma español con información clara sobre ingredientes, fecha de elaboración, lote, país de origen y responsable de distribución. Estas disposiciones no son un simple requisito burocrático: garantizan la inocuidad del producto y la seguridad de los animales que lo consumen.
Por ello, el ingreso o comercialización de alimentos sin cumplir con estas condiciones no solo constituye una violación de la ley, sino que también representa un riesgo potencial para la salud animal y, por extensión, para la salud pública.
Un alimento para mascotas que ingresa por contrabando no ofrece ninguna garantía sobre su composición real, su procedencia o las condiciones de transporte y almacenamiento. Muchos de estos productos pueden haber sido expuestos a temperaturas extremas, humedad o contaminación cruzada, afectando la estabilidad de nutrientes esenciales como las proteínas, grasas y vitaminas.
Además, la falta de trazabilidad impide conocer si el producto ha sido fabricado bajo normas de inocuidad alimentaria o si contiene ingredientes no permitidos por la regulación ecuatoriana. En casos más graves, se ha detectado alimento contaminado con micotoxinas, conservantes prohibidos o exceso de sodio, todos potencialmente dañinos para el hígado, riñones o sistema digestivo de las mascotas.
Un alimento sin control sanitario puede alterar la microbiota intestinal, generar alergias o deficiencias nutricionales, comprometer el sistema inmunológico y afectar la calidad de vida del animal. En términos simples: lo barato puede salir muy caro.
La lucha contra el contrabando no solo implica reforzar los controles fronterizos, sino también concientizar al consumidor. Cada compra de un producto sin registro apoya, aunque de manera inconsciente, a una cadena ilegal que perjudica al país.
La industria ecuatoriana de alimentos para mascotas ha invertido en tecnología, capacitación y procesos certificados para ofrecer productos seguros y balanceados. Estas empresas generan empleo formal, pagan impuestos y contribuyen al desarrollo productivo del país. Sin embargo, compiten con productos que ingresan al margen de la ley y que, al no tener costos regulatorios, se ofrecen a precios más bajos, erosionando la sostenibilidad del sector.
El desafío nacional es, por tanto, proteger la formalidad y la seguridad, fortaleciendo los mecanismos de control aduanero y sancionando la comercialización de productos no registrados. Pero también es necesario fomentar una cultura de consumo responsable que valore la trazabilidad, la transparencia y el cumplimiento.
Optar por un alimento que cumple con los registros y normas ecuatorianas es una decisión que protege tres dimensiones esenciales:
El contrabando de alimentos para mascotas no es un simple problema comercial: es un fenómeno que compromete la salud animal, debilita la industria formal y afecta al desarrollo económico del país.
Por ello, elegir productos legales, registrados y con etiquetado en español no solo es un acto de responsabilidad individual, sino también de solidaridad con el bienestar nacional. Cada consumidor tiene el poder de decidir entre fortalecer la formalidad o alimentar un circuito ilegal que pone en riesgo a quienes más queremos. Cuidar a nuestras mascotas también implica cuidar lo que comen, cómo lo obtienen y quién lo produce.
Apoyar a la industria nacional es apoyar un futuro más seguro, sostenible y responsable para todos.