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UN ESTUDIO AMERICANO RELACIONA EL SOLOMILLO DE CERDO CON UN

PATRÓN DE ALIMENTACIÓN DE ESTILO MEDITERRÁNEO

Los investigadores encontraron que, de forma simultánea, el hecho de adoptar un patrón de alimentación de tipo mediterráneo disminuía el riesgo de aparición de enfermedad cardiovascular independientemente de la cantidad de carne que se consumía (200g vs. 500g de solomillo de cerdo).

Ciertos de estudios demuestran que la carne puede incorporarse dentro de una alimentación saludable y, de forma global, mejorar los factores de riesgo de la enfermedad cardiometabólica. En base a estos indicios, un grupo de expertos de los Departamentos de Nutrición de Purdue y Texas Medical Branch, llevaron a cabo un estudio para evaluar los efectos de consumir cantidades diferentes de carne en el contexto de un patrón alimentario mediterráneo.

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Tras los resultados, los investigadores concluyeron que en el contexto de una dieta mediterránea (variada y equilibrada), los adultos con sobrepeso o moderadamente obesos podían mejorar distintos factores de riesgo de enfermedad cardiometabólica, tanto si se reducía, como si no, el consumo de carne.

Las históricamente bajas tasas de enfermedades crónicas en los países mediterráneos a menudo se atribuyen a los hábitos alimentarios que, de manera general, han mantenido y mantienen sus habitantes.

Las propiedades promotoras de la salud del estilo mediterráneo, incluido el riesgo reducido de desarrollar enfermedad cardiovascular y diabetes tipo 2, han sido avaladas por estudios recientes de carácter significativo. Algunos de ellos, incluyendo el de Prevención con Dieta Mediterrránea (PREDIMED) o el de Seguimiento Universidad de Navarra (SUN), se llevaron a cabo a través del seguimiento de cohortes de población española en las que el consumo de carnes era más alto (~700-1200g/semanales) que lo que tradicionalmente se engloba dentro del patrón de alimentación mediterráneo (~245g/semana), y obtuvieron resultados igualmente muy positivos.

Por otra parte, las conclusiones expuestas en otros estudios sobre los riesgos cardiometabólicos de consumir carnes hasta ahora han sido bastante inconsistentes. De hecho, la mayoría de la literatura científica en la que se basan se apoya en estudios de cohortes de tipo observacional en las que el concepto de carne no está bien definido y/o se encuentra agrupado dentro de una misma categoría de consumo.

Esto da lugar a que las conclusiones que asocian el consumo de carnes con la enfermedad cardiometabólica no puedan afirmarse con rotundidad o sean contradictorias, y que investigaciones más recientes, en las que se evaluó el consumo de carne fresca, los resultados mostrasen ninguna o una muy ligera asociación entre el consumo de carne fresca y el desarrollo de algún tipo de enfermedad cardiometabólica

Puesto que el fundamento para la recomendación de reducir la ingesta de carne en el contexto de un patrón mediterráneo todavía no está claro, el principal objetivo de este ensayo controlado fue evaluar los efectos que tenía consumir un patrón de alimentación mediterráneo con diferentes cantidades de carne sobre determinados parámetros de riesgo cardiometabólico.

Así, se comparó un patrón de alimentación mediterránea que incluía ~ 500 g de carne (solomillo de cerdo) / sem (Med-Red), con otro en el sólo se consumían ~200 g /semana de este tipo de carne (Med-Control) y que actuaría como control.

La hipótesis de partida era que la cantidad de carne consumida no influiría en las mejoras inducidas por el patrón mediterráneo sobre los factores de riesgo cardiometabólico en adultos con sobrepeso u obesidad.

¿Cómo se llevó a cabo el estudio?

Para comprobar el cumplimiento de la hipótesis de partida, se planteó la realización de un estudio clínico cruzado, aleatorizado, controlado y “ciego para el investigador”, de duración 16 semanas, en las que los sujetos consumirían los distintos patrones alimentarios que se habían definido durante 5 semanas cada uno, y entre ellos habría un período de “lavado” o descanso, de, al menos, 4 semanas.

El consumo alimentario, la composición corporal, y distintos parámetros asociados al riesgo cardiometabólico (incluyendo colesterol total, LDL-colesterol, HDL- colesterol, ratio colesterol total: HDL, total apolipoproteína B (ApoB), triglicéridos, glucosa, insulina HOMA-IR, proteína C-reactiva, presión arterial en ayunas y ambulatoria, así como el cálculo del riesgo y edad vascular atendiendo al estudio de Framingham), fueron medidos al comienzo y durante la última semana de cada una de las dos intervenciones en las que se pautaba un patrón de alimentación mediterráneo con distinto consumo de carne.

La elección de los participantes:

Los sujetos fueron reclutados en el área de Greater Lafayette, Indiana, y para entrar a formar parte del estudio debían cumplir una serie de criterios preliminares.

En primer lugar, se especificó que debían ser sujetos con sobrepeso u obesidad (IMC: 25- 37), de 30-69 años, que fuesen representativos de las ingestas dietéticas de referencia, y que no siguiesen un patrón dietético de tipo mediterráneo (su puntuación en el cuestionario sobre adhesión a la Dieta Mediterránea era <5).

Además, se estableció que para entrar a formar parte del estudio, los parámetros analíticos que debían presentar fuesen los siguientes: C-total <6.70 mmol / L, colesterol LDL <4.10 mmol / L, triglicéridos <4.5 mmol / L, glucosa en ayunas <6.1 mmol / L, presión arterial sistólica <160 mm Hg, diastólica presión arterial <100 mm Hg, masa corporal <140 kg, sin enfermedad aguda, no fumadores, con funciones hepáticas y renales normales, y no diabéticos.

Por otro lado, también se incluyeron como criterios de participación que los sujetos tuviesen una estabilidad en relación a su peso corporal (± 4.5 kg), y que mantuvieran unos niveles constantes de actividad física durante los 3 meses antes de comenzar el estudio. Durante los 6 meses anteriores tampoco podrían haber experimentado cambios en la medicación en el caso de que tomasen alguna.

Un médico revisó individualmente que se cumplían todos los criterios de inclusión para poder ser aprobados de cara a la participación.

Diseño de los menús

Los menús fueron elaborados utilizando un software específico y siguieron el protocolo PREDIMED para alcanzar el patrón mediterráneo objetivo. Además, fueron verificados utilizando como herramienta el cuestionario de evaluación de dieta mediterránea.

La contribución de los distintos macronutrientes a la ingesta calórica se pautó según lo siguiente: 40% estaría representado por los hidratos de carbono, 20% por las proteínas y 40% por las grasas. Dentro del conjunto de las grasas también se estableció como objetivo que el 7% de la ingesta calórica fuese aportado por las grasas saturadas y el 20% por la monoinsaturadas.

Los dos patrones mediterráneos se diferenciaron principalmente en el consumo de carne y aves que aportaba cada uno de ellos. Los ajustes adicionales para igualar el contenido energético y la distribución de macronutrientes entre ambos modelos alimentarios (Med-Red y Med-control) se logró mediante la manipulación de principalmente el consumo de lácteos, huevos y cereales.

Se estableció que la ingesta de sodio potasio, magnesio y calcio debía ser similar en ambos menús (Med-Red y Med-Control).

Los requerimientos energéticos de cada sujeto se estimaron usando las ecuaciones específicas publicadas por el Instituto de Medicina, y los menús se diseñaron para mantener la composición corporal y peso inicial de los sujetos.

A los participantes también se les dio también la opción de consumir 150 ml de vino (a elegir en función del gusto personal) diariamente.

Todos los alimentos fueron preparados y entregados a los sujetos durante las dos intervenciones que incluían los dos tipos de Dieta Mediterránea.

Las carnes y las aves de corral que se incluyeron fueron, las de solomillo de cerdo y pechugas de pollo o pavo (carne blanca) sin piel. Se cuidó también que la cantidad de grasa total, grasa saturada y colesterol, que contuviesen no sobrepasase los 10, 5 y 0,095 g, respectivamente. variedades

Las carnes no fueron sometidas a ningún proceso de conservación más allá de la refrigeración.

Los sujetos fueron citados y pesados semanalmente por el personal del estudio para monitorear la masa corporal y promover el cumplimiento de la dieta.

Control del riego de desarrollar alguna enfermedad cardiovascular

Los factores de riesgo asociados a la aparición de enfermedad cardiometabólica se midieron tanto al comienzo como durante la última semana de cada intervención.

Para evaluar el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares a largo plazo y calcular la edad vascular de los sujetos se utilizaron las ecuaciones sobre riesgo lipídico que se diseñaron para el estudio de Framingham.

Resultados:

Los investigadores encontraron que, de forma simultánea, el hecho de adoptar un patrón de alimentación de tipo mediterráneo disminuía el riesgo de aparición de enfermedad cardiovascular independientemente de la cantidad de carne que se consumía (200g vs. 500g de solomillo de cerdo).

Los investigadores también relatan que sus resultados coinciden con otros previos en los que el consumo de carne, como, por ejemplo, unos 120g de carne de cerdo/día, tampoco condicionaba los buenos resultados que la dieta DASH[i]tenía sobre la mejora de los factores de riesgo cardiometabólico, aunque no se produjese una pérdida de peso corporal.

Por otro lado, y en relación con el efecto que el mayor consumo de carne (siempre dentro de un patrón mediterráneo) podía tener sobre la aparición de diabetes tipo II, este estudio permitió concluir que no se manifestaba ningún efecto sobre los patrones de glucemia en ayunas, los niveles de insulina, o el HOMA-IR[ii]al consumir más cantidad de solomillo de cerdo, siempre que fuese dentro de un estilo de Dieta mediterránea.

Por último, cabe destacar que al final de la intervención, y en términos generales, los valores de los distintos parámetros para medir el riesgo cardiometabólico (como por ejemplo el C-total, el colesterol LDL, o la ApoB) no difirieron entre los dos grupos, y que las mejoras que se produjeron fueron independientes de la cantidad de carne (solomillo de cerdo) consumida.